Me despierto. Pasan sólo dos segundos y ya me invade esa sensación.
Sonrío. Piso el suelo con impaciencia como si el olor irresistible de un nespresso me sacara a tirones de la cama.
Me preparo. Entre brocha y brocha de colorete me encuentro en el espejo, ¡hoy va a ser un gran día¡
Play. Me sumerjo en una selectiva lista de mi música personal mientras recorro las aún dormidas calles de Málaga.
Fantaseo. Camino por un mundo de idílicas situaciones contigo de protagonista.
Sonrío. Era el autobús más lleno de toda la historia del “20”
No importa, ¡hoy va a ser un gran día!
De nuevo me invade esa sensación,
Un sitio libre al final del autobús! Sin duda iba a ser un día grande.
Pause. Tu llamada matutina me arranca tal sonrisa que mi cara aún dormida se niega a representar en su totalidad.
Andabas por Granada con el frío bajo el cuerpo y con tu mano sujetando mi ilusionada voz, iba a ser un día duro, dijiste.
Colgamos. Inhalo una bocanada profunda de aire mientras mis mejillas me dan una tregua, esta vez la sonrisa ha sido mayor.
Play. Recuerdo aquellos momentos que hoy parecen tan lejanos,
Antes de ayer en Málaga, tú en Tarragona, víctimas de una vida juguetona que escondía en sus rincones el destino más perfecto.
Dos vidas, dos caminos, un destino: Polonia.
¡cómo pasa el tiempo! Recuerdo mientras me invade esa sensación.
Comienza mi verdadero día. Clase tras clase, agobio tras agobio,
Pero no! Hoy va a ser un gran día, lo presiento.
De nuevo esa sensación cada vez más familiar, esta vez tan fuerte que parecía que había engullido el móvil mientras vibraba por la llegada de un mensaje.
Era en el bolso. Un mensaje tuyo diciéndome que estarías todo el día fuera sin batería.
Quizá no hablemos hoy, dijiste.
Mi pequeña gran ilusión alimentada siempre por nimiedades disfrazadas de mensajes y llamadas sorpresas decaía por momentos abrazándose a ese agobio académico, como si se conocieran de toda la vida!
Pero no, ¡Hoy va a ser un gran día¡…¡tiene que serlo!.
Salgo corriendo hacia la parada del autobús, iba a perderlo si no me daba prisa.
Sentía cada vez esa sensación con más fuerza.
Era como un remolino.
Venga ya, mi agobio no era para sentir tal cosa.
¿Sería por no querer perder el bus y tener que esperar otros 20 minutos?
No. Al fin y al cabo siempre me quedaban mis escenas preferidas en las que interpreto el papel más perfecto con mi banda sonora preferida de fondo.
A medida que me acercaba a la parada me iba poniendo más nerviosa, esa maldita sensación.
A lo lejos una cola larga de gente y de repente frené en seco.
El segundero del reloj se paró. La cola de gente ya no crecía.
El autobús no se iba, parecía que esperaría por siempre.
Entonces te ví, eras tú, ¿tú? ¿O simplemente tus pantalones rojos luciéndose en otro?
Pero no, allí estaba otra vez.
La dichosa sensación pero esta vez diferente, pausada, armoniosa.
Eras tú! Inesperado, sorprendente incluso mentiroso, pero cierto!
Entonces comprendí que te sentí.
Te sentí acercarte a mí aunque estuvieras aún a kilómetros con solamente abrir los ojos.
Mi espejo me había chivado una verdad que no llegué a comprender en su momento,
Hoy era un gran día, un gran día de verdad…

No sé cómo no hay comentarios o quizás no te hayan descubierto aún. A mi me tienes engancha@. Describes tus sensaciones, tus emociones,tus sentimientos con tanta profundidad que calan...
ResponderEliminarRendid@ a tus pies y...APLAUSO!